Es quizá el más grande músico argentino vivo. También acaso el más sabio. Nació en Campo Santo, un pequeño pueblo de Salta —como si dijéramos, en el corazón de Galicia, una zona fuertemente rural— y tras sus pasos por el folclore argentino, el tango, el jazz y la música clásica acabó desembocando en su propio y personalísimo mundo, que abarca y sintetiza toda su procedencia, sin poder ser ya encasillado en ningún género. Como Piazzolla, también Saluzzi buscó su lenguaje propio y lo encontró, él sí, lejos del tango y de cualquier género por los que pasó, a diferencia de Astor, que, aun reformulándolo, jamás se alejó del tango. No al menos para mí. El sello ECM, del gran Manfred Eicher, no tardó, desde luego, en captar, hace ya 30 años, a este genial salteño como a uno de los hombres clave que contribuirían a convertir a la productora en la referencia de excelencia musical que hoy es.
Oriundo de Salta, Dino Saluzzi es uno de los músicos más representativos del jazz y el tango a nivel internacional. En un diálogo donde las palabras se tejen con el sonido del bandoneón – instrumento que lo acompaña desde los 7 años -, Saluzzi indaga sobre el arte, la música y reflexiona acerca del quehacer cultural y las posibilidades de las nuevas generaciones. Una mirada personal y sensible que repasa su primera infancia en Campo Santo, las dificultades al llegar a Buenos Aires y los años en el extranjero, que lo consagraron definitivamente como un referente musical.